Clips de poesía tica

julio 29, 2007

“Este tratado apunta
honestamente
que el pudor y su sueño
no encuentran mejor dueño
que el rincón apacible
de la vagina
y me destina
a una paz virginal
y duradera.

Ésto el tratado apunta.
Por ser latina y dulce y verdaderamente inclinada
a una casta tensión de la cadera.
Y no lastima
al parecer
las intenciones puras
de tantos curas.
El novio se contenta,
al padre alienta
que en América Central
siempre se encuentra
su hija virgen y asexual.

Este tratado enseña
cómo el varón domeña
y preña
en la América Central
y panameña.
Y de esta fálica
omnipotencia
mi rebelión de obreras
me defienda.

Porque tomo la punta de mis senos,
campanitas
de agudísimo hierro
y destierro
este himen puntual
que me amordaza
en escozor machista
y en larga lista
de herencia colonial.

Yo borro este tratado de los cráneos,
con ira de quetzal
lo aniquilo,
con militar sigilo
lo muerdo y pulverizo,
como a un muerto ajado e indeciso
lo mato y lo remato
con mi sexo abierto y rojo,
manojo cardinal de la alegría,
desde esta América encarnada y encendida,

mi América de rabia, la Central.”

 

Ana Istarú

“Es la soledad que le corta la circulación a las almohadas. La soledad que se desmaya en un sombrero. La que se desmaya en el oído medio de los locos. La que no se queda en su lugar como sí lo hacen la oreja y la lluvia. La soledad que flota junto a los muebles del cuarto. La soledad oscura y firme de colgar una pared donde no hay nada.”

“Es bueno oler a las mujeres. Oler a las madres y a las hijas. Olerlas cuando bajan del autobús, cuando esperan, cuando aún no se han peinado. Cuando de malhumor recogen todas las sábanas de golpe y se sienten la gran miseria del día, mandan a alguien por jabón o cebollas y se toman una copa. Es bueno oler de vez en cuando a la santa, oportunamente a la puta, valientemente a la propia. Hay que oler la habitación cuando se viste, oler las abejas y el café cuando se ha ido. Oler el canto de la puerta, el aserrín. Las hojas de rasurar, los mecanismos del paraguas, el anillo olvidado, el periódico tibio. Hay que olerlas cuando se mueven. Olerlas profundamente cuando se retiran. Oler los gajos de la piedra, oler la sopa y la nuez cuando se asustan. Hay que oler sin miedo a sus bolsillos, oler su respiración y su vacío, su mar y su pesca. Es bueno oler a las mujeres y decir: esto es polvo, esto es cera, eso es pasto.”

Alfredo Trejos

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